Eloy Collado

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Eloy Collado con algunas de sus piezas. Fot.: Marina Gil.

Vivir feliz de la artesanía

Apasionado y particularmente motivado por su oficio, pero sobre todo por sus resultados, Eloy Collado (Huesca, 1986) recurre a John Muir, el gran naturalista norteamericano de origen escocés, para dejar claras sus preferencias: En cada paseo por la naturaleza, uno recibe mucho más de lo que busca. Y cada producto de su marca, Fifth pine (Quinto pino), así lo atestigua.

Trabajo sobre todo con maderas recuperadas o de origen sostenible, refiere. Es sumamente importante optar por fuentes alternativas así si realmente nos preocupa el futuro. Siguiendo tal filosofía de conservación, su proceso creativo aúna técnicas tanto tradicionales como actuales con un propósito: diseñar objetos cotidianos, sin duda funcionales, pero con líneas más actuales. Fifth pine nace precisamente de ese dialogo: artesanía contemporánea sí, pero que contribuya a hacer un mundo más sostenible.

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Texturas del aparador ‘Aladro’.

Quizá sorprenda cómo Eloy llegó a la madera. No sabría decir si lo que hago es carpintería, ebanistería, escultura… Trabajo con madera, sin más. Me crie en Valsalada, un pueblo próximo a Huesca, donde tengo el taller. Es un núcleo de colonización rodeado de pinares: mis escenarios de juego predilectos. La madera me acompaña por tanto desde la infancia. Con ella di rienda suelta a mi imaginación, sabiendo lo que da de sí y con qué herramientas.

Eloy nunca ha dejado de ‘jugar’ con la madera: primero como hobby, aunque con mucha pasión, tallando o haciendo muebles para casa; y, más tarde, durante la pandemia, de modo ya profesional. De hecho, dejé mi trabajo de asesor laboral y me aventuré… En primer lugar, con muebles evolutivos para críos −lo que me demandaban−, hasta que empecé con tablas de cocina y otros elementos utilitarios, como sus jarrones, quizá su pieza estrella. Seguí con mobiliario, pequeñas joyas o murales, en secciones, de hasta 12 m2, como el que estoy ultimando para la próxima edición de Marbella Design&Art.

Se trata sobre todo de piezas únicas. Ese es mi propósito: que cada objeto o mueble sea un diseño original y exclusivo. El alma que le imprimo a cada proyecto se transmite y el público lo valora. La consecuencia es que ya he recibido varios encargos de decoración de diferentes ambientes o estancias que incluyen sillas, mesas… Estandarizar al menos determinados procedimientos permite obtener economías de escala y rentabilizar la producción… Sin duda. Evito hacer siempre lo mismo, pero he tenido que homogeneizar procesos para ser más eficiente, describe.

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Eloy con su aparador ‘Aladro’.

En el plano técnico, excepto tornear −disciplina en la que me iniciaré en breve− intento abordar lo que sea dentro de mis posibilidades. Soy autodidacta. Todo lo que sé ha sido a base de ensayo-error, lecturas… Quizá mi trabajo se distinga por esa heterodoxia y por no haber tenido un aprendizaje al uso. Es, si cabe, mi huella de identidad. Empleo maderas recicladas o de origen local: viejos olivos, cipreses… abatidos por una tormenta o talados por necesidad; y, además, otras especies de la península: pino, nogal, roble…

Por supuesto, las dejo secar el tiempo preciso. Me encanta el roble por sus imperfecciones, grietas o hendiduras. Esa tosquedad y sus texturas tan particulares le confieren carácter. En uno de mis últimos muebles, ‘Aladro’ (arado, en fabla), he querido plasmar, de forma muy abstracta, un campo con zonas labradas y yermas: lo presentaré en Zaragoza, en la Feria de Artesanía Aragonesa. No empleo herrajes y en las estructuras utilizo procedimientos de ebanistería tradicionales como uniones con espiga o soluciones de ese tipo, puntualiza.

Lo que me distingue es la talla y otros procedimientos alternativos para los que busco herramientas que, en muchos casos, no se han empleado en carpintería o con ese fin. Para los punteados de algunas de mis piezas experimenté con una fresadora pero sin cabezal, como si fuese un lápiz, hasta dar con el resultado deseado. Tras perfeccionar el procedimiento, Eloy dispone ya de todo un abanico de texturas que emplea de forma discrecional.

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Prueba de texturas en roble. Fot.: Marina Gil.

Otro efecto semejante a la talla lo he conseguido con una radial y un disco de lija. Fue un hallazgo fortuito mientras limpiaba un tronco… He perfeccionado tanto la técnica que la radial es ahora mi herramienta de trabajo favorita. Detrás de esa aparente locura hay mucha investigación y muchas horas hasta dominarla y trazar así con soltura surcos, rugosidades… Otro asunto es cómo plasmarlo posteriormente y en qué.

Otra de sus técnicas recurrentes es el ‘ebonizado’. Antiguamente, las familias humildes recurrían a ella para que sus muebles pareciesen de ébano. Empleo acetato ferroso fermentado tras sumergir lana o viruta de acero en vinagre. La mezcla reacciona con los taninos de especies sobre todo blancas: cerezo, haya, castaño… El mismo efecto se puede obtener horneando la madera a baja temperatura o tratándola con ácido tánico o té negro. Cuantos más taninos, más oscuro el resultado. ¿Y los acabados? Empleo sobre todo cera, con vaselina, que me provee un apicultor de un pueblo vecino. Además de protegerla, la madera mejora notablemente su aspecto

¿Y cómo encaja la afinidad de Eloy por la cultura japonesa? Me gusta su filosofía y su forma de hacer las cosas, pero jamás he pretendido imitarlos. Los oficios me entusiasman. Mi abuela era alfarera, y siempre me ha apasionado la etnografía y el hacer humano. Cuando empecé a investigar, la verdad es que fui de sorpresa en sorpresa: el respeto de los nipones por los materiales es admirable. En Occidente se nos enseña que la belleza está en la perfección; sin embargo, la naturaleza contradice esa noción: no solo tiene su propio carácter, sino también una magia incontestable…, describe.  

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Eloy con sus pajaritas de madera.

Cuando descubrí el término japonés ‘Wabi-sabi’ −que resume su visión estética, arraigada en el budismo zen, de que la belleza está ligada a la imperfección, a la transitoriedad de las cosas y a la aceptación, pacífica y serena, del ciclo natural de crecimiento y decadencia inherente a la vida−, fui consciente del valor de la naturalidad y del sentido de todo lo que he querido hacer. Aunque mi trabajo no ha dejado de evolucionar, mi meta sigue siendo inamovible: vivir feliz de la artesanía. Algo complicado quizá en el mundo que me ha tocado vivir.

Aunque el grueso de la producción de Eloy proviene de encargos y ferias de artesanía, no descarto otras vías de comercialización para proyectos más en sintonía con mi imaginario, en los que se conjugue lo tradicional, la simplicidad de la naturaleza, el respeto por el propio soporte y sus imperfecciones, lo rústico del rural y la visión contemporánea que aporto: objetos atemporales, concluye.

www.fifthpinedeco.com

Un reportaje de Miguel Bertojo.